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Se mira y se lee a Laura Wittner

  • Foto del escritor: Magali Garcia Carmona
    Magali Garcia Carmona
  • 17 ago
  • 5 min de lectura

Actualizado: hace 2 días

Cuando la propia búsqueda es entender lo otro, traerlo conmigo y ofrecerlo de vuelta, se vive y se traduce.


Portada de libro beige sostenida al aire libre que lee: Se vive y se traduce de Laura Wittner, por editorial Entropía.
Se vive y se traduce, Laura Wittner.

Mi profe de yoga me prestó Se vive y se traduce, de Laura Wittner.


Le habían llamado la atención el título y el dibujo anatómico en la tapa. Lejos de la industria y amante del movimiento, a mi profe la palabra “traducción” le hizo fantasear con otros libros, mas para su sorpresa se encontró con el sentido literal y literario: con una traductora de profesión, con la bitácora de viaje del trasvase y con todo lo que le supone a la trasvasadora abrirse a ser puente vivo entre dos lenguas.


Las sesiones de investigación profesional,

los instantes de claridad,

la incesante curiosidad,

el des-velar la pertenencia de tal o cual palabra,

la repetición que amenaza con robarle el sentido a todo sonido…


La experiencia de ser tan permeable, tan curiosa, tan obsesiva y perfeccionista; tan fiel espejo, Laura, en su relatar el cuerpo y el acto de traducir.


Página del libro Se vive y se traduce de Laura Wittner, con el texto "Traducir es autoanalizarse".

Me lo dio al finalizar una clase, con un leve gesto de recelo, como quien presta su abrigo favorito en invierno, y con la sentencia de que vendría a buscarlo en tres días, cuando le tocara venir a mi clase (hacemos intercambio y yo le doy clases de conversación en inglés). Sorprendida, lo primero que pensé fue que el material me venía al pelo, “lo charlamos en clase entonces”, decreté.

La fecha de entrega me daba un margen ajustado, aunque justo. No era un libro particularmente largo, aunque sí de esos que de no haber tenido un plazo, hubiese alargado y dilatado su lectura por muchísimo más tiempo; me lo hubiese comido a pequeños bocados.


Página del libro Se vive y se traduce de Laura Wittner, con el texto "Si la traducción se traba hay que pararse. Ir al baño, ir a buscar agua, ir a buscar el esmalte de uñas. Si la traducción se traba hay que destrabar el cuerpo".

Esa misma noche, tras ojear las primeras páginas, supe que debería amasar el tiempo y dedicarle unos momentos claves de intención y atención. Me di cuenta al instante, a la primera sonrisa, que sin dudas este lo valía.


***


Hacía muchísimo tiempo que no leía literatura sobre traducción.

Más allá de las publicaciones ocasionales de colegas y la crisis sobre la profesión, había dejado de leer y pensar sobre la práctica en sí.


Así. Como algo que atraviesa, más allá del gremio.


Concentrada como estaba en el nicho, en la especialización, en ampliar los conocimientos sobre lo que se trabaja, poder encontrarme y reconocerme a mí misma en los instantes de una colega, salvando las muy grandes distancias y diferencias, me recordó una vez más la ternura que cimienta esta tarea. Una tan considerada y atenta, que un día intuitivamente elegí para estudiar y que, aunque pasen los años, me sigue eligiendo. Cada vez encargándose de expandir en mí aún más su significado.


Incluso y más allá de su función lingüística: traducir como forma de ver, de entender y de decir el mundo.


Flor de Caléndula naranja abriéndose con fondo verde
Primera flor de caléndula de mi jardín.

Es ese mismo detalle el que me acompaña día a día cuando miro las plantas, cuando preparo la comida, cuando miro a mi familia.




***



Al día siguiente, el libro y yo recibimos juntes el rato de sol a la mañana, en una reposera que iba moviéndose por los ambientes de la casa según entraba la luz fragmentada. Sincronizada con los únicos días soleados de la semana, la compañía se sintió particularmente suave, y cálida.


Página del libro Se vive y se traduce de Laura Wittner, con el texto "Traducir es ir pegada a la espalda de alguien".

A pasitos, Laura va trayendo casos particulares, traducciones colectivas, versiones y re-versiones, talleres, pandemias, viajes, experiencias íntimas y profundamente personales.


Transparentándose, como buena traductora de su propia persona.


Leerla me reavivó esas ganas casi voraces de traducir, de barajar palabras como bolitas que se dejan mover entre los dedos, sutilmente asistiendo el juego y esperando a que “solas” encuentren su lugar.


Habitar la porosidad, sentir su peso, con todos sus colores, matices y sonoridades, acuerpar conceptos como quien se prueba la ropa antes de salir. Haciendo tentativas, aceptando opciones provisorias, mas atenta a escuchar el sutil o ruidoso aviso de la brújula que de repente se pronuncia contundente: "¡Sí! Así quiero salir."


Página del libro Se vive y se traduce de Laura Wittner, con el texto "El deseo de traducir arrasa en los momentos más impensados o imposibles, incómodos. Como el deseo sexual. Después, cuando hay que traducir, cuando es la hora de hacerlo, y el lugar, a veces se adormece".

***



Más que devorar las a veces escuetas entradas, diría que me las bebí, como un jugo pulposo de mango, o una fruta tropical de esas, que refresca, endulza, despierta, tranquiliza y excita, todo a la vez.


Con un brebaje tan potente, lo más inteligente era dosificar, así que le di respiros;


todos

los que me pude permitir dada la limitación temporal.


Darle atención era saborear, con detenimiento, diversión y respeto.


Prestar atención es también traducir.


Página del libro Se vive y se traduce de Laura Wittner, con el texto "¿Siente algo la autora a distancia, en el cuerpo, mientras traduzco su texto? ¿Como un vudú?".

La siguiente mañana volvió a salir el sol, pero yo ya me había comprometido con un perro, un bosque y una caminata, así que, en lugar de quedarnos en la reposera, salimos juntos a pasear.


Ahí, entre los manchones de luz tamizada por las hojas del bosque que lleva al jagüel, sus hojas relucían generosas y tenues, como bajo la luz de una vela,

como volviendo atrás en el tiempo, como recordándome algo que (todavía) no viví.



Página del libro Se vive y se traduce de Laura Wittner, con un párrafo extenso sobre la propuesta de traducir una novela, las razones y excusas para no hacerlo y la eventual aceptación del trabajo.

***


Llegamos al ojo de agua, que existe como referencia desde antes de que esta localidad se convirtiera en asentamiento, y respirando su aire le pedí que me cuente sobre él.


El agua besada por el sol, los patos deslizándose en la quietud, los teros rompiendo el silencio, las nutrias nadando de una orilla a la otra, el perro disfrutando la vastedad del campo que le permite correr y correr, y correr un poco más, con tan solo su gerundio a cuestas.


Traduzco calma, punto de encuentro, comunión.



Se mira y se lee.



Foto de un día soleado en el Jagüel del Medio, Santa Teresita, Buenos Aires.
Jagüel del Medio, Santa Teresita.

***


El tercer y último día amaneció gris y oscuro, como si el mundo supiera que estábamos por separarnos.


Esa mañana no leí.


Aún me faltaban algunas páginas, pero llegados a este punto prenderle una luz artificial se me hacía una falta de respeto, y no me lo permití. Manifesté sol más tarde, y se ve que tenía un buen balance. Sucedió, agradecí.


Una hora antes de la clase, la pared noroeste que se pinta del naranja de la tarde se iluminó. Y ahí me senté, completamente feliz.



Página del libro Se vive y se traduce de Laura Wittner, con el texto "Traducir es enhebrar mostacillas ínfimas".

Leyéndonos mutuamente, nos despedimos con amor, como quien sabe que en parte lo que deja también se va consigo.


Me pregunto qué le habré dejado yo.


En clase, con mi profe-alumne, conversamos sobre lo que se escondía por debajo de la profesión y qué se nos revelaba a ambas desde nuestras diferentes esquinas como "traducción".


Y nos llevó a reflexionar: porque ¿qué es sino un modo de explicar la propia existencia? ¿Sino todos los gestos que hago para acercarme a lo que se encuentra ahí afuera y encontrar un hilo conector? Y recordé mis tantas veces poniéndome el disfraz de intérprete no oficial entre amigues o desconocidos en medio de un viaje, el de mediadora entre integrantes familiares en medio de una discusión, el de tía salvaje (por no decir "loca") contándole a mi sobrina sobre los ciclos de las plantas, señalándole flores por ver, mostrándole cómo se conforma mi propia existencia y viendo como su universo se torna un poquito más amplio al pasarle la posta.


En nuestro constante vínculo e intercambio humano, animal y vegetal,

traducirnos es tomar, integrar y entregar.

Para acortar las distancias, con lo igual pero también con lo diferente, y recordarnos parte de un mismo lenguaje.


Y sí, a veces, es verdad, hará falta plant(e)ar y replant(e)ar absolutamente todo.

La evolución también es traducción.

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